miércoles, 6 de febrero de 2013

EL MAR BOLIVIANO


Ciertamente el presidente Piñera ha cometido un error garrafal y descortés al involucrar al Perú en un tema bilateral como es el tema de la salida marítima autónoma (sin soberanía) de Bolivia por territorio chileno. En sus últimas declaraciones condicionó una salida al mar a Bolivia por el norte de Arica (frontera con Perú) si y solo si Chile sale airoso de la controversia que sostiene con Perú en la corte de la Haya, nada mas desatinado e indignante...
El mar boliviano
Antonio Zapata

Las últimas declaraciones del presidente de Chile, Sebastián Piñera, han movido el ambiente político tanto en Lima como en La Paz. En el diario mapochino La Tercera, Piñera informó que Chile ofrece una salida al mar a Bolivia, sin soberanía, pero con amplias concesiones tributarias, al norte de Arica, en una zona cuyo mar está en disputa con el Perú en la Corte Internacional de Justicia. Añadió que, si Chile perdiera en La Haya, esta solución no podría implementarse.

En forma inmediata, en el Perú, el presidente de la comisión de RREE del Congreso, Víctor Andrés García Belaunde, sostuvo que era una maniobra desleal de Chile. Asimismo, en la Paz fueron igualmente duros con el presidente chileno. No obstante que, los políticos bolivianos viven peleando entre sí, incluso con mayor intensidad que sus pares peruanos, todos coinciden en un punto: el reclamo nacional por una salida soberana al mar. Por ello, la clase política altiplánica ha reaccionado negativamente frente a las declaraciones de Piñera.


Según el ministro de Gobierno de La Paz, Carlos Romero, la propuesta de Chile es una maniobra de distracción, porque ante el reclamo boliviano condiciona su respuesta a lo que ocurra en La Haya. Más enfático fue el líder de Unidad Nacional, uno de los jefes de la oposición, el ex candidato presidencial Samuel Doria Mediana, quien sostuvo que Chile pretende usar a Bolivia contra Perú por la coyuntura de La Haya, postergando una vez más las justas aspiraciones de su país.
Así, puede interpretarse que, si el objetivo de Piñera era voltear a Bolivia contra Perú, no lo ha conseguido. Entonces, el propósito chileno que continúa presente es responder ante la última ofensiva boliviana reclamando una salida al mar.



En efecto, esa presión altiplánica es permanente, aunque sube y baja periódicamente. Cuando comenzó el presidente Evo Morales, gobernaba Bachelet en Chile y Bolivia creyó que podría lograr una solución. Pero, se equivocó y quedó en nada.

Luego, al ser derrotada la izquierda chilena y acceder la derecha al poder, le cerró la puerta a Bolivia sin delicadeza. Si Bachelet le dio esperanzas que no se concretaron, Piñera se negó bruscamente. Cuando las cosas se pusieron de ese modo, Morales cambió de estrategia e inició una ofensiva.

A partir de entonces, en las más diversas ocasiones, el gobierno boliviano ha reclamado airado una salida al mar, incluso ha anunciado su intención de acudir a la Corte Internacional de Justicia, donde se ventila el caso de Perú contra Chile.

Todo este barullo tiene algo de coyuntural, pero su verdadero contenido es de fondo. En efecto, la historia muestra que Bolivia no ha de cesar, que su presión sólo terminará cuando obtenga una salida al mar. Por ello, sería bueno determinar el interés peruano en esta materia y hacérselo saber a ambos vecinos.

El punto es que Tacna y Arica son una unidad geoeconómica, que funciona bastante bien y que no se puede romper introduciendo un tercer país en la zona. Bolivia quiere un puerto, no necesariamente continuidad territorial. Hay cantidad de enclaves en este mundo y esa parece ser la solución para Bolivia: una salida al mar en la zona de Camarones- Tarapacá, donde originalmente les ofreció la presidenta Bachelet.

Para el Perú, lo mejor sería que Chile proponga algo razonable que acepte Bolivia. Esa propuesta idealmente sería al sur de Arica. Es cierto que Chile nunca ha de dividirse, pero no tiene que hacerlo. Como decimos, puede conceder un territorio costero, que se comunique con Bolivia a través de una carretera chilena.

Ahora deberían resolverse definitivamente las cuestiones territoriales en el Pacífico Sur. En este punto, la iniciativa está en manos de Chile, que pensando en su propio interés, no debería dormirse en sus laureles, como le ocurrió con nosotros.

Mientras tanto, en el Perú, sólo queda esperar el fallo de La Haya, siguiendo con atención las iniciativas de Chile, que ha de mover la alfombra una y otra vez de aquí a la sentencia.

martes, 5 de febrero de 2013

CORREDOR QUE CHILE OFRECE A BOLIVIA


Según el Tratado de Ancón de 1883 y documentos vinculantes firmados años posteriores, Chile no puede ofrecer, regalar, disponer, negociar, sobre el territorio ariqueño sin conocimiento expreso y formal del Perú, por lo que cualquier ofrecimiento a Bolivia sería nulo.

Además la solicitud de Bolivia va en otra dirección, reclama a Chile salida soberana al mar por territorio que antes fue boliviano (Atacama). Estos afanes territoriales propios de los conflictos decimononicos no ha sido superado por ambos países. Mientras una de las partes considere que hay un tema pendiente y la otra parte muestre negativa al dialogo, entonces siempre estará latente el conflicto en el sur.

miércoles, 17 de octubre de 2012

REPRESALIA CHILENA EN LA BREÑA

El ingreso chileno a la sierra central les ocasionó muchos inconvenientes, pues debieron enfrentar la poca colaboración de los pobladores, la guerra de desgaste aplicada por Cáceres a través de los guerrilleros y las epidemias de tifus, entre otras dificultades. 
La campaña en la sierra central, no fue una campaña victoriosa para Chile (distinta a la campaña costera del sur), lo cual les disgustó profundamente y los llevó a tomar represalias contra los pueblos que se atrevieran a enfrentarlos. 

Uno de estos casos fue la venganza macabra que tomaron contra Teodoro Peñaloza, quien se enroló en las filas de Cáceres y colaboró en la voladura de puentes en el valle del Mantaro. Los chilenos entraron en su hacienda, la saquearon y lo quemaron vivo, junto con su madre y su criada. 

En general, muchos pueblos de la sierra como Cerro de Pasco, Tarma, La Oroya, Jauja, Concepción, Marcavalle, Pucará, Zapallanga, Acostambo y Nahuimpuquio fueron objeto de depredaciones por no haber sido hospitalarios y por oponer resistencia al ingreso chileno. 
  


GUERREROS CIVILIZADORES


La destacada historiadora peruana, Carmen Mc Evoy es entrevistada por Ana María Stuven, Directora del Programa de Historia de las Ideas Políticas en Chile UDP. La entrevista giró en torno del libro "Guerreros Civilizadores. Política, sociedad y cultura en Chile durante la Guerra del Pacífico" reciente publicación de Mc Evoy, editado por el Centro de Estudios Bicentenario - Perú.

En el libro Carmen Mc Evoy, analiza la organización interna de la guerra, el aspecto discursivo político y cultural. Argumenta que desde el Estado chileno se justificó la guerra bajo un discurso civilizador, en el cual el resto de naciones observadoras del conflicto evidenciarán que Chile, no solo tiene estabilidad política, solidez institucional, sino también una superioridad moral frente al "Otro" el bárbaro, indolente, desordenado, donde cunde la anarquía e inestabilidad.

La profesora Mc Evoy, brinda una nueva perspectiva de la Guerra, esta es una propuesta alternativa, donde marca distancia del aspecto bélico y se centra principalmente en analizar el soporte discursivo político, mecanismos de difusión y la asimilación cultural; además de los cambios y conflictos que operan en Chile durante y después de la Guerra.


lunes, 8 de octubre de 2012

EL EJEMPLO DE GRAU



MIGUEL GRAU SEMINARIO

POR PEDRO CATERIANO (COLUMNISTA DEL DIARIO "LA REPÚBLICA")
Lunes, 08 de octubre de 2012

Julio de 1872 fue singularmente turbulento para la vida nacional. El 22 de ese mes, el coronel Tomás Gutiérrez, entonces ministro de Guerra, secundado por sus hermanos Marceliano y Silvestre, encabezó una sangrienta asonada con el fin de impedir la instalación del gobierno civil de Manuel Pardo. 

Una violencia pocas veces vista se instaló en aquellos días en la sociedad peruana. Silvestre murió como consecuencia de un intercambio de disparos con opositores al levantamiento, y en respuesta a ello, Marceliano mandó ejecutar al presidente Balta, apresado desde el mismo día del golpe. Finalmente, una turba enardecida por el magnicidio tomó Palacio de Gobierno el 26 de julio y capturó a los otros dos hermanos, a quienes ejecutó y quemó, tras exhibir sus cadáveres desnudos en las torres de la Catedral de Lima. 

Se trataría solo de un episodio de triste recordación para nuestra historia política sino fuera porque en medio de él surgió la voz de Miguel Grau del lado de la racionalidad y la legalidad, tan infrecuentes en esos días. Al día siguiente del levantamiento, junto con otros 43 oficiales de Marina, Grau suscribió un pronunciamiento institucional en rechazo a la acción de los hermanos Gutiérrez. En el texto se repudiaba con firmeza el hecho calificándolo de “criminal proceder”, y se advertía no solo “la ruina del régimen constitucional”, sino “el desquiciamiento social más completo”. Esto último –hoy lo sabemos– con premonitoria claridad. 

Como señala José Agustín De la Puente en su rigurosa biografía del héroe de Angamos, la reacción de Grau ante los hechos permite apreciar a un “oficial comprometido con las cuestiones del país y que asume sus responsabilidades”. Y lo interesante es que esas responsabilidades trascendieron el ámbito del pronunciamiento institucional. Grau asumió el deber de difundir un manifiesto personal a las autoridades políticas del sur del país exhortándolas a mantenerse unidas contra los golpistas. Dicho manifiesto revela en Grau a un hombre de profundas convicciones democráticas, que junto con el heroísmo de la Guerra del Pacífico y la nobleza personal que siempre lo distinguió, es imperativo conocer y difundir. 

Dice Miguel Grau, en lo central de su manifiesto: “Al ver así las leyes ensartadas en la bayoneta del soldado; al ver atropellados todos los poderes de la República; al ver amenazados los más sagrados derechos del ciudadano y al ver, en fin, envilecido y escarnecido lo más sagrado entre los pueblos cultos y herida de muerte a la Patria, la Marina Nacional, que siempre ha dado muchas pruebas de patriotismo y abnegación por el orden y sostenimiento de las instituciones, no ha trepidado en ponerse a la altura que por sus antecedentes le corresponde, ha rechazado indignada la invitación que se le hizo para secundar la consumación de tan horrendo atentado; y, enarbolando el estandarte de la ley, ha protestado en masa de tan inauditos y escandalosos crímenes, no reconociendo otro caudillo que la Constitución…”. 

Este es uno de los legados más importantes que Grau dejó a los peruanos de todas las generaciones: defendamos nuestra democracia, no permitamos jamás que ningún proyecto trasnochado ni apetito personal rompa el orden constitucional. Que la Constitución y las leyes sean nuestros únicos caudillos. Sigamos en esto también el ejemplo del gran Almirante del Perú.


jueves, 7 de julio de 2011

EXPLICACIÓN A LA DERROTA DEL 79'

(FUENTE: BLOG HISTORIA Y POLÍTICA)

Desde este punto podemos analizar, brevemente las causas de la derrota peruana en la guerra de 1879. El
Perú era un país en donde las economías regionales eran autónomas y rivales entre sí. El sur tradicionalmente por siglos había sido una economía consolidada.

La región central más dinámica giraba, alrededor de la producción minera de Cerro de Pasco. El norte comerciaba básicamente con Guayaquil y Centroamérica. Lima, sede del gobierno, miraba más hacia el Pacífica que al interior del país, de tal suerte que era imposible hablar de una conciencia nacional en aquel entonces. Más propio sería mencionar la existencia de zonas autónomas.

En consecuencia, en un país desintegrado no se podía esperar actitudes nacionalistas. Por eso Francisco Bolognesi nunca recibió el auxilio que esperaba en el morro de Arica. Por eso en la ocupación chilena de Lima y del norte, las principales familias dieron cupos al chileno Patricio Lynch para que no sean destruidas sus propiedades. Arequipa no envió una bala porque las diferencias regionales pesaban más que cualquier guerra externa, por ello Cáceres no recibió la ayuda prometida. Ante el avance de las tropas chilenas al norte, los hacendados de esa región proclamaron presidente a Miguel Iglesias quien no tuvo ningún cargo de conciencia para firmar el Tratado de Ancón y en consecuencia ceder Tacna, Arica y Tarapacá.
En suma, la guerra de 1879 “sorprende” al Perú no preparado para una contienda militar y en medio de la bancarrota económica. La República, a pesar de sus constituciones, no había logrado organizarse adecuadamente, ni había sabido administrar su pobreza inicial ni la inmensa riqueza que significó el guano y el salitre, no supo dar las medidas indispensables para integrar, dando una falsa sensación de prosperidad y debilitando las energías y capacidades para manejar con cautela nuestros recursos.

Así pues, la miopía de los gobernantes de entonces, su inoperante diplomacia, el nefasto caudillismo militar, la desintegración de nuestra sociedad, el mal uso de las rentas del guano, el abuso de los empréstitos y su irresponsable aplicación derrochando los ingresos del estado hasta la exageración, nos explican con mayor objetividad, las causas de la derrota en la Guerra del Pacífico.

En conclusión podría agregar, que la derrota fue la justa sentencia a la inestabilidad política y económica del Estado, inequidad, el tutelaje militar y clerical del siglo XIX, la incapacidad de nuestros gobernantes (ejecutivo, legislativo y judicial). La guerra la perdimos desde inicios de la república....

domingo, 27 de marzo de 2011

PLEBISCITO DE TACNA Y ARICA


Por Antonio Zapata
El 4 de marzo de 1925 el presidente de los EEUU, Calvin Coolidge, que era el árbitro nombrado conjuntamente por Chile y Perú, emitió su fallo, ordenando llevar adelante el plebiscito sobre el destino de Tacna y Arica. Estas provincias habían quedado en manos de Chile por diez años, a raíz del Tratado de Ancón, que en 1883 selló la derrota nacional en la Guerra del Pacífico. El plebiscito se debía haber realizado hacía mucho, pero Chile lo había impedido. Mientras tanto, practicaba una política de “chilenización”, que significaba hostilidad contra las familias peruanas y subvenciones a las chilenas que se asentaran en el territorio.
Por ello el Perú había alegado que, pasados 40 años, el plebiscito era impracticable y que Chile debía devolver ambas provincias. Así, el fallo de Coolidge fue considerado una derrota, pero el gobierno peruano no se amilanó. Decidió enviar una delegación a Arica y encarar el nuevo contexto. Los EEUU nombraron al general Pershing, uno de los vencedores de la I Guerra Mundial, como su representante para ejecutar el plebiscito. Una vez en el terreno, iba a constatar los abusos practicados por las autoridades chilenas; como consecuencia, su parecer se inclinaría hacia la postura del Perú.
En marzo del año siguiente, la delegación peruana se instaló en Arica, para lo cual propició un desfile de la bandera, llevada sobre todo por las mujeres peruanas. La manifestación fue multitudinaria y recibió una fuerte hostilidad de la población chilena. Pero las plebiscitarias mujeres fueron la vanguardia y supieron defender el pabellón, entre ellas destacó la señora Cristina Vildoso.
En esos días, Tacna y Arica fueron escenario de constantes batallas callejeras y además de golpes, llovieron piedras, barro, orines sobre los peruanos. En medio de ese clima, los delgados norteamericanos plantearon condiciones democráticas para elaborar un padrón de votantes y desarrollar el plebiscito. El Perú apoyó a Pershing y Chile se opuso. Por ello, poco después, el representante de los EEUU se retiró dándole la razón al Perú, en el sentido de que el plebiscito era impracticable por la actitud de Chile.
Fue una victoria moral, pero carecía de correlato político. En efecto, Chile estaba en posesión del territorio y no daba muestras de ceder. Por su parte, los EEUU no se comprometieron con la decisión de su delegado y más bien empezaron a plantear la partición del territorio. Después de muchas vueltas, el presidente Augusto B. Leguía aceptó esa fórmula que se tradujo en el Tratado de Lima de 1929, por el cual Tacna volvió al Perú y cedimos Arica a perpetuidad. En un protocolo complementario se estableció la famosa cláusula por la cual Chile no puede cederle a Bolivia un territorio que haya sido de la Arica peruana sin nuestro consentimiento.
¿Por qué aceptó Leguía? Jorge Basadre recuerda que básicamente pensó que nada teníamos y que el paso del tiempo llevaba a perderlo todo. Luego, porque carecíamos de fuerza para inclinar la situación. Combatíamos con el peso de los tratados y la resistencia del pueblo, pero las armas estaban del otro lado. En esas circunstancias, Leguía pensó en forma pragmática que mejor era ganar una parte que perder el conjunto.
La historia peruana ha asumido este tratado como una solución razonable. Cabe la pregunta sobre Chile. ¿Por qué aceptó devolver un territorio que había ganado por las armas? Su razonamiento fue simple, para conservar eternamente lo obtenido en la guerra tenía que devolver parte de lo arrebatado al Perú. Lo importante es que retrocedió de buen grado. De cara a La Haya, es falso sostener que nunca ha cedido y que irá a la guerra si le toca perder algo por decisión de ese Alto Tribunal.